Los ciclos de vida se generan mediante la herencia de usos y costumbres, de padres a hijos,
de creadores a creados, para todos los seres, ya sean orgánicos o mecánicos. Estos ciclos, con sus puntos de inflexión,
hacen que algunas generaciones estén destinadas al abandono.
En el primer cuarto del siglo XXI el ser humano se plantea seriamente la colonización de otros planetas.
El programa destinado a estudiar Marte consiste en el envío masivo de robots exploradores al planeta rojo. En el año 2015
los gobiernos mundiales deciden concentrarse en la Luna por considerar inviable la colonización de Marte. Todos los robots que
habían enviado son abandonados.
El tiempo hace que los robots generen una civilización propia en el planeta parecida a la de sus creadores o
sus padres, los seres humanos.
Una familia de robots vive en una casa de campo y su vida es como la de cualquier familia humana.
Cuando una tarde el padre vuelve del trabajo se encuentra a su hijo mayor, éste se obstina en seguir su propio camino,
abandonar la casa e ir a la ciudad, como sus amigos.
Por la noche, el matrimonio habla frente a la tumba del abuelo (uno de los primeros colonos que nacieron
en la tierra). Con tristeza asumen el hecho de que el mayor les dejará pronto y de que el pequeño,
probablemente, seguirá sus pasos.
Son conscientes de su amargo papel en el ciclo de la vida: a la generación de su padre,
los pioneros, les abandonaron los seres humanos, ahora les toca a ellos ser abandonados por sus hijos.
A pesar de todo, la vida sigue.
Esta historia no tiene principio ni fin, es el retrato de un intervalo de tiempo dividido en dos
partes: el viaje del pionero y la vida diaria de sus descendientes.
Menciones
Finalista VI Festival de cortometrajes FOC CINEMA (Valencia, 2007)